Desde tiempos inmemorables,  una de las batallas más sangrientas que ha librado la humanidad es tratar de conseguir la libertad, por ello, pueblos enteros han sido eliminados de la faz de la tierra y con ellos, su lenguaje y cultura.  Entendamos por libertad,  no la capacidad de hacer lo que se venga en gana sino que es la facultad y derecho que tienen las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar,  obviamente, para elegir responsablemente debemos actuar en base a los principios sociales, religiosos y económicos en los que nos encontramos, aunque como siempre, esos principios se comparten en muchas ocasiones pero raramente son universales.

De ahí tenemos que un elemento clave para que exista la libertad del individuo, se requiere la posibilidad de elegir y para poder elegir, requerimos dos o más opciones que tomar, esto lo aplicamos a la vida diaria y en nuestro caso, lo aplicamos a la vida dentro de la franquicia.

Si algo te dá una franquicia es que te da la libertad y te convierte en prisionero al mismo tiempo, veamos esta contradicción:

Una franquicia te da la libertad de actuar, te da libertad a tu tiempo ya que puedes programar tus horarios, te dá libertad de movimiento ya que tu controlas tus actividades dentro y fuera del negocio,  también te dá la tranquilidad de pensamiento en el sentido de que ya todo está resuelto y el inversionista únicamente tiene que seguir los pasos requeridos.

Estas libertades las tienes gracias a que existe una programación de actividades que dirige el inversionista, sin embargo, esos tiempos y horarios se tienen que tomar con responsabilidad, cuidando las cargas de trabajo, los horarios de empleados, etc.

Por otra parte, la franquicia te quita toda la libertad de creatividad posible, en una franquicia real no puedes cambiar las recetas, el menú, los precios, etc. Todo ya está establecido tan solo para usarse y no para modificarse, uno de los mayores pecados que existe dentro de una franquicia es querer tomarse la libertad de alterar el formato de la tienda, productos, menú, precios, etc. Aquí nada es negociable.

Esta es la paradoja de las franquicias, paradoja que se repite en el matrimonio, al ser padres, al ser empleados, etc. Siempre tenemos dos o más opciones que tomar y de acuerdo a nuestra conciencia y responsabilidad, tomamos la mejor opción ó en su caso, la opción menos mala.